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¿QUE ES LA FAMILIA? |
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Un niño es producto de un hombre y una mujer que tienen una relación sexual, es decir, un acto de reciprocidad, de entrega amorosa, en el cual ambos aportan para la existencia de un hijo. En todo este proceso debe haber igualdad de condiciones, igualdad de derechos e igualdad de responsabilidades. Un padre y una madre, cuya interacción comprende una verdadera relación, son los elementos mínimos indispensables para la existencia de un hijo y también para su crecimiento y desarrollo físico y sicológico. Toda persona que haya vivido en un hogar donde sus padres se han amado y respetado sabe perfectamente lo fácil que es crecer y desarrollarse. Toda persona que ha vivido bajo un hogar donde los padres han tenido conflictos sabe lo difícil que es salir adelante. Toda persona que ha crecido con sus padres separados sabe lo dolorosa que es esta dicotomía para los hijos. Toda persona que tenga sólo padre o sólo madre sabe el vacío infinito que queda en el corazón por la figura ausente. Toda persona que haya carecido de ambas figuras sabe que jamás una institución o figuras alternativas (por ejemplo, abuelos) pueden llenar esa carencia afectiva ni la falta del modelo familiar. Sin lugar a dudas, un hijo necesita de un padre y una madre para crecer en armonía y con facilidad. Desafortunadamente, en sociedades machistas como la nuestra, la educación ha producido personas que olvidan el papel importantísimo que cumple el padre no solo en la reproducción, sino en la crianza diaria de los hijos. Se escuchan frases como "la mujer es la que se queda con el hijo", "la madre es el eje del hogar", "el hombre es el que mantiene económicamente". Estas frases indican que la madre es central y el padre secundario en la vida de un hijo. ¡Qué falsedad tan enorme y destructiva! Como sociedad debemos buscar romper con este estereotipo que nos hace tanto daño. Reforcemos al varón su calidad de padre, metámoslo en el hogar, en la vida diaria de los hijos. Quitémosle parte de la responsabilidad económica y démosle espacio en su relación afectiva con los hijos. Reforcemos en la mujer una cierta distancia con los hijos para que se una al esposo y a la sociedad y dé cabida al padre en la relación íntima con sus hijos. Apoyemos a la mujer para que obtenga parte de la responsabilidad económica que cae en el hombre, responsabilidad que, al mismo tiempo, le da seguridad propia. Esa es la familia que quieren los hijos: un padre y una madre involucrados afectivamente con ellos y que se integran a una sociedad en forma responsable. Los hijos no quieren una madre siempre presente y un padre ausente, o un padre y una madre limitados artificialmente a ciertos papeles. Los hijos quieren no sólo un padre y una madre, sino personas capaces de manejarse tanto en el hogar como fuera de él. Y, por sobre todo, los hijos necesitan un padre y una madre que se amen profundamente entre ellos, para que les permitan un día, sin miedo y sin pena, salir del hogar y recrear otra familia. No todas las familias cumplen con estas expectativas por diversas razones. Pero si la razón es la falta de armonía en la relación hombre-mujer, o el no involucrarse del padre con los hijos y el hogar, nuestra sociedad puede hacer un gran aporte al propiciar en la educación sexual una relación hombre-mujer más equitativa tanto en el plano social como familiar, y al apoyar fuertemente el papel paterno del varón. |



