logo

LA LEYENDA URBANA ¿QUIEN ES EL CALAVERA?
PDF Imprimir E-mail

Se trata de algo curioso. Miles de mensajes cibernéticos han cruzado de cabo a rabo la red durante los últimos días, invitando a personajes de la más dudosa catadura moral a participar en un juego relacionado con la muerte. Con la muerte cerebral…y con la dignidad, por qué no decirlo.

A primera vista, las invitaciones parecen inocuas y divertidas, con un punto  inquietante que muy pocos morbosos se atreven a soslayar…

Por eso, lector, déjeme advertirle: si por desgracia recibe un mail en el que a usted se le invita—por cortesía de un desconocido anfitrión—a una fiesta donde las drogas correrán a toda pastilla y el alcohol se derramará a chorro por su garganta sin pagar un puto duro, ¡no la acepte! ¡Rechácela de inmediato!

Si, por añadidura, la invitación  se acompaña de un naipe cualquiera de la baraja francesa…entonces corra a las islas Caimán, desaparezca cuanto antes de la faz de la tierra porque esa carta es la que le convierte a usted en una víctima potencial de un cerebro desalmado y enormemente maligno; si no me cree, lea por favor lo que a continuación expongo. Luego no me lloriquee  nadie ni me digan que no avisé.

Voy a contar aquí lo que ocurrió el año pasado para que la sangre nueva de TR no vuelva a caer en el mismo error en que caímos los demás…

El año pasado, casi por estas mismas fechas, cuando ya había aparecido el calor, recibí en mi bandeja de entrada de correo electrónico la siguiente parrafada:

Estimado/a DarkSilver:

Debido a su permanencia y fidelidad a aquesta página llamada Todorelatos donde usted publica asiduamente sus basuras mentales (bla, bla, bla) queda invitado/a a un baile de máscaras con barra libre y buena pitanza, completamente gratuito, en el palacio del conde de Golifiander sito en donde Cristo perdió la mochila tal, tal, tal, el día veinticuatro de Junio. Rogamos confirme su asistencia al evento como han hecho el resto de usuarios y autores de dicha página.

Junto a un botón para decir "sí" o "no" a la propuesta se adjuntaba una lista interminable de autores y usuarios que habían aceptado la invitación.

Al seguir descendiendo con la barra lateral derecha en la pantalla, pude ver, no sin asombro, una enorme carta descubierta que ponía punto final al mensaje recibido: un tres de picas. Nunca me han gustado las picas, siempre he preferido corazones. Pero desvié mi atención del naipe a los pocos segundos; me dije que sería un aditamento chorra del mensajito, esas cosas que la gente coloca para adornar. Craso error.

Al principio pensé que se trataba de una broma pesada de un tal Hombre FX, sempiterno comentarista y crítico de absolutamente todos los relatos de la web. Pero en seguida supe que él no había sido el artífice de aquello, pues vi su nombre en la lista de invitados.

Interesante…el nombre de FX se adjuntaba junto a personalidades de la magnitud del Sr. Masulokunoxo, Moonlight, Gataenpatines y hasta el ilustre Perritillo…Por no hablar de la maravillosa Lydia, el señor Sobi, Gatita Karabo, Lukasses y muchas más excelsas plumas que yo admiro sin pudor "¡¡Que mis muertos se levanten!!" Pensé con alegría insana, "Tengo que asistir a esta fiesta, no podría perdérmela nunca"…

Y sí, amigos, a mi pesar tengo que reconocer que asistí…

El palacio de Verano del tal conde Golifiander no estaba perdido en la estepa rusa, como pensé al principio, pero casi. Tuve que preguntar a unos cuantos contactos si sabían cómo acceder. Al final terminé subida en un autobús del pleistoceno que era como una tartana que olía a choto; acabé con el culo horriblemente sudado pegado a un asiento de mala muerte que amenazaba con salir volando con cada bache…me arrepentí horrores de haber aceptado, pero ya era tarde.

Cuando llegué a la suntuosa mansión  Golifiander, el señor Sobi salió a mi encuentro con una librea de mayordomo.

--Joder, Sobi, no hacía falta aparecer así…

Le reconocí perfectamente a pesar de no haberle visto nunca; esos ojos oscuros que no paran un minuto a pesar de su gesto engañosamente tranquilo resultaban inconfundibles.

--Es mi disfraz, joder…--respondió  Sobi con cierta incomodidad.

--Ah pero… ¿había que traer disfraz?

--Claro…--asintió—Era un baile de máscaras, ¿recuerdas?

Menudo jarro de agua fría. Sin pensármelo dos veces agarré la primera cortina que pillé según cruce la puerta, y mientras avanzaba con por el corredor guiada por Sobi me fui haciendo un traje de romano.

--¿y por qué has ido de mayordomo, Sobi?—de todos los disfraces del mundo era el que menos me cuadraba para él…

--Soy el mayordomo asesino que mató  a toda la familia de Harry Potter—contestó el porno autor con una tierna sonrisa.

Pensé que habría tomado pastillas o tripis así que no hice comentario alguno, pero las piezas encajaron en mi mente. El mayordomo asesino le sentaba como anillo al dedo, sí…

El angosto y oscuro corredor desembocaba en un inmenso salón de fiestas. No pude evitar quedarme estupefacta ante la gran cantidad de gente que bailaba sobre el suelo de mármol veteado, bajo la luz pulsante de multitud de candelabros anclados en la pared. El lugar era enorme y siniestro; las paredes revestidas de madera oscura estaban plagadas de cuadros de señores macilentos. Los espejos estaban cubiertos de crespones negros, como en una parodia funeraria de otra época. La música que salía de los gigantescos altavoces era probablemente el death metal más atronador con el que mis oídos se hayan deleitado nunca.

Alcancé a ver sonrisas entre la amalgama de rostros desconocidos, la mayoría de ellos cubiertos con máscaras o antifaces, y me acerqué al centro de la pista.

--Dark…—me saludó amablemente una hermosa mujer morena que iba vestida de vampira, con una túnica negra hasta los pies y los morros llenos de… ¿sangre?—eres Dark, ¿verdad?

--Sí…--asentí mirándola con cierto temor. Su indumentaria era bastante aterradora…y le sentaba de miedo.

--¡Soy AroaMille!—exclamó ella con una sonrisa—qué fiesta tan extraña, verdad…oye, ¿y de qué vas vestida?

--De romana—contesté—es que los disfraces no son lo mío…

--Ah…pensé que ibas de cortina…

--Pues sí que resulta inquietante esta fiesta…--dije tratando de desviar el tema.

Alcancé a ver cómo corría el alcohol y se repartían los psicotrópicos a diestro y siniestro. Apoyado contra una de las paredes, un extraño hombre de pelo oscuro succionaba un chupa-chups junto a un cartel que rezaba: "Tripis a quinientas pesetas"

--¿Pero no era barato todo lo que había aquí?—pregunté al hombre, elevando la voz para hacerme oír entre la algarabía—menudo timo de fiesta…

--Barato es—respondió él, mirándome por debajo de unas gafas negras con montura rosa de leopardo—lo que no va a ser todo es gratis; hay que hacer negocio, bonita…

--Joder—repliqué molesta por tamaño  lucro--¿y tú quién eres?

--Me llaman FX, nena, pero no se lo digas a nadie…

--¡Hostia!!—No pude reprimir una exclamación de alegría--¿FX eres tú? Joder tío, eres la leche, estaba deseando conocerte…

--¿Ah sí?

--¡¡Claro!!—Exclamé—eres todo un mito para mí…ahora solo falta que me presenten a Perritillo…

--Puedo presentártelo si quieres, yo lo sé todo en este lugar…--acompañando estas palabras eligió un tripi de su improvisado puesto y lo paladeó con los ojos en blanco—es bueno, me ha gustado…--añadió—igual que tu último relato, el del sacamuelas bochinche…

--¿¿??

--Pero como te decía antes, muñeca, yo sé todo lo que ocurre aquí…

Como un ente todopoderoso levantó  la mano derecha abarcando a todos los simples mortales que se movían descontrolados en la pista de baile.

--Jo, gracias, tío…qué chupi…

Una mano asió mi hombro cuando más cojonuda e interesante estaba la conversación entre FX  y yo.

--DarkSilver…

Joder, qué pavorosa sonó  la voz de aquella desconocida…

--S-sí…

--Me han dicho que ibas vestida de romana venida a menos…

La que había hablado era una despampanante mujer disfrazada de pirata que fumaba una pipa de plástico duro. Su pelo oscuro recogido en un moño cuidadosamente desordenado dejaba al descubierto la morena piel de su cuello, perdiéndose los desbaratados mechones en un escote de vértigo…

--Tú debes de ser…

--Sí—me cortó la aludida sin dejarme terminar la frase—soy Moonlight…y…hay algo en todo esto que huele mal, ¿no crees?

A mi pesar tuve que admitir que Moon tenía razón. Hipnotizada por su canalillo yo no era capaz de pensar demasiado…pero lo que estaba claro era que nadie invita a una panda de porno escritores a un palacio de lujo sin esperar nada a cambio…

--¿Quién crees que ha mandado las invitaciones?—murmuró la corsaria con los ojos entornados—apostaría que se trata de uno de nosotros…

--¿Uno de nosotros?

La voz se me congeló a flor de labios cuando procesé que aquella hipótesis podría ser cierta…al fin y al cabo, todos los que estábamos allí éramos bastante degenerados y nuestra imaginación era desorbitada, capaz de cualquier cosa…

--Pero, ¿por qué?—alcancé  a decir—quiero decir, ¿con qué fin nos invitaría uno de nosotros a una fiesta gratis?

--Eso es lo que me escama—susurró  ella con gesto enigmático—para algo bueno no creo, me temo…

De pronto, como si hubieran sido víctimas de mal fario de Moon, todos los candelabros de la sala se apagaron salvo uno en el centro de la estancia, cuya débil luz iluminó un improvisado escenario que parecía emerger del suelo como por arte de magia. La música atronadora cesó de pronto, quedando los murmullos asombrados de todos los presentes como único sonido ambiental.  Sobre la plataforma que se erguía lentamente desde el suelo reposaba un televisor cutre de carcasa que imitaba a madera; un trasto digno de anticuario de esos con los botones enormes y pantalla gris, suave y convexa.

--¿Pero qué es esta mierda?...—escuché  murmurar detrás de mí a alguien con acento asturiano y bastante mala hostia.

Me giré y alcancé a ver a un hombrecito disfrazado de Monstruo de las Galletas con un enorme trabuco entre las piernas (que era del monstruo, no suyo, lo sé porque era azul…) y, contenta a pesar de la inquietud que los últimos hechos me producían, le dije en voz baja:

--¡Ey, Masu! Qué disfraz tan currado, tío…

--Sí, esto…ejem, ¿cómo sabías que era yo?

--Tratabas de pasar desapercibido eh…

--Bueno, bueno…no lo digas muy alto que te ensarto…--añadió, mostrándome con un movimiento de caderas su monstruoso miembro viril.

--Joder, qué bestia eres…

Poco más pude añadir pues la televisión, contra todo pronóstico, lejos de caerse a trozos se encendió y comenzó a ofrecernos un capítulo de Los Pitufos con la música de fondo de Marilyn Mason. Evidentemente, el que preparó el vídeo estaba mal de la cabeza, pensé…

La imagen de los pequeños enanitos azules fue sustituida de pronto por la de un hombre enmascarado vestido de negro que llevaba un látigo repujado en la mano.

--Queridos hijos de puta—comenzó  a decir el hombre ante nuestro asombro, con un tono de voz como de risa contenida—siento interrumpir esta maravillosa fiesta para darles una triste noticia…

En ese momento, comenzaron a oírse estruendos por doquier, y me giré a tiempo para ver como las grandes puertas de doble hoja que daban a la sala se cerraban con un sonoro portazo.

--Sí, cabrones—asintió el perverso hombre enmascarado desde el televisor—desde ahora se cierran todas las puertas, y nadie podrá salir de aquí…al menos hasta que os den a todos por el culo…

Miré espantada hacia donde estaba Moonlight, pero ésta había desaparecido misteriosamente de mi lado.

--Hay una bomba de relojería instalada en los cimientos del palacio…--continuó explicando el hombre. Aunque la máscara negra tapaba su cara, por su tono de voz se sabía que no había dejado de sonreír—cuyo mecanismo desactivaré  yo mismo a las seis de la mañana, siempre y cuando "El Calavera"  me deje plenamente satisfecho…si no lo hace, tened por seguro que saldremos todos por los aires, incluido yo, que aparte de ser un cabronazo retorcido estoy como un puto cencerro…

¡Dios mío! ¡¡una bomba!! El pánico comenzó a cebarse entre los asistentes más crédulos, que miraban a su alrededor con ojos de borreguitas amedrentadas.

¿Sería cierto lo que decía el enmascarado? ¿Una bomba en el palacio? ¡Santo dios! Y a todo esto… ¿quién coño era "el Calavera"?

--El Calavera…--prosiguió el misterioso hombre de la tele, como si hubiera oído mis pensamientos—es la persona a la que en el reparto de las cartas de las invitaciones le tocó un naipe especial, distinto a los demás: el emblema de los piratas, la calavera blanca bajo la cual se cruzan dos tibias. El Calavera está entre ustedes, y de él depende que salgamos vivos o no de esta…

No pude evitar una carcajada nerviosa. Siempre me da la risa en momentos de tensión, me pasa hasta en los entierros, es una desgracia horrible. Y a todo esto ¿Qué historia no estaba contando el tío ese? Me entraron unas ganas terribles de salir pitando, y el pensar que las puertas estaban cerradas me hizo marearme de pura angustia. Hubiera corrido hacia ellas para comprobar que todo aquello era una broma absurda pero sabía que, de encontrarlas cerradas, el pánico crecería en mí a la velocidad de la luz.

--El Calavera ha sido designado de manera aleatoria. En realidad cualquiera de ustedes hubiera resultado capacitado para la misión que le compete, por eso tuve que dejarle la elección a la diosa Fortuna. La misión de El Calavera no es otra que encular a todos los invitados que pueda, desde este momento hasta las seis de la mañana. Debe sodomizar a todo aquello que se le ponga por delante y tratar de no ser descubierto…por lo que le aconsejo que piense en una manera de silenciar a sus víctimas conforme vaya actuando. Hay cámaras instaladas por todo el palacio así que podré divertirme en secreto con cada porculización…de la misma manera que, si el Calavera no actúa, lo sabré y no detendré el mecanismo de la bomba.

El horrible personaje hizo una pausa antes de continuar.

--Yo creo que está todo bastante claro—dijo al fin. La audiencia no podía despegar los ojos de la pantalla del televisor—así que sin más explicación… ¡qué continúe la fiesta!...espero que os divirtáis…

Y tras una estentórea carcajada, el televisor se apagó.

--Joder tronco, la puta, qué  fuerte—le dije a Masu dándole un codazo, sin poder evitar mi lenguaje barriobajero—o sea que esta noche nos van a dar por culo sí o sí…

Masu había palidecido ostensiblemente debajo de su disfraz de Triki. Resultaba hasta tierno verlo a punto de vomitar dentro de la sonrisa entrañable del monstruo…

--Sí…pero bien, además—masculló. Y sin querer decirme más, dejándome con la palabra en la boca el muy cabrito, se fue corriendo hacia el rincón más oscuro de la sala como si el Calavera fuera yo misma y estuviera a punto de colocarme un arnés…

Y no hace falta que haga el inciso pertinente para decir que el Calavera, evidentemente, no era yo…me había tocado el tres de picas, el puto tres de picas, ¿recuerdan?...yo era una jodida víctima…y tan jodida. Mierda.

Maldije para mis adentros y me lancé  al centro de la pista para compartir mi pánico con el de los demás.

"Las huestes de don Rodrigo desmallaban y huían" comienza una conocida canción popular del grupo Parchís, si mi memoria no me falla…pues justo en eso se había convertido el salón: en un campo de batalla donde la gente corría sin dirección más pedo que Alfredo y los cuerpos caían al suelo siendo pisoteados por estampidas que a su vez volvían a tropezar…estampidas enteras, lo juro.

Sí, amigos, aquella sala era el mismísimo infierno. Hay gente que le gusta que le den por el culo—esos estaban tranquilos, formando una pequeña minoría sonriente—pero el resto huían despavoridos y lanzaban miradas de auténtico terror a derecha e izquierda. Parecía la escenificación de aquel slogan de "no se fíe de nadie…puede que sean…¡¡la cosa!!"

Conservando mi copa aún intacta en la mano—no estaba ni está la vida como para andar desperdiciando—y aparentando frialdad busqué con la mirada a mi amiga Maicoy, pero no la encontré. Tampoco aparecía TaqPol. Y de Masu y Sobi ni rastro…

Como no sabía a quién acudir, me lancé desesperada a por un desconocido que parecía extrañamente tranquilo entre la masa humana, o al menos no tan alterado como los demás. Recuerdo que llevaba una máscara; una tan grande que podría sacarse un moco con una caña de pescar sin que nadie se diera cuenta, llamativa, muy fiestera, con cucuruchos y plumas por todas partes. Por supuesto no se le veía la cara.

Para abordarle utilicé mi arma salvadora más mortífera: la verborrea. Es acojonante, como un ataque pokemon…¡¡DarkSilver, ataque diarrea mental!! Oh no, ¡mierda!,¡¡¡ ha usado "Verborrea"!!!

--Jo tú, qué fuerte—le dije al desconocido, ansiando que me contagiara un poco de su serenidad—la comida de aquí es una mierda.

Reconozco que le dije una gilipollez pero era un poco por entrar en materia. Ya saben…¡¡ataque verborrea!!

--Psé—contestó el enmascarado mientras la marabunta corría—mientras no pongan caramales…

--¿caramales?—joder, había dado con el más colgao, no cabía duda.

--caramales, caramales, caramales…--repitió el desconocido--¡yo odio los caramales!

--Pero joder tío, que nos van a dar por culo…

--Ya…--el enmascarado asumía la circunstancia con total resignación, aparentemente—hombre, podría ser peor…

--Sí, eso es verdad…por cierto, ¿quién eres tú?

--Me llamo Argonauta, pero puedes llamarme Argo.

--Argo como…¿"dame argo"?…--pregunté por hacerme una idea

--Exacto—escuché como sonreía debajo de su máscara.  Inmediatamente me di cuenta de que era aficionado a hacer el gilipollas con las palabras, igual que yo, pero en cualquier caso en aquel momento no había tiempo para hacer un campeonato de chorradas.

--Oye Argo…tú no serás el Calavera y por eso estás tan tranquilo, ¿verdad?

El aludido se tronchó de risa.

--No, por favor, ya me gustaría…

--serás desgraciao…

Braceando entre la multitud, distinguí  entonces el arrebolado rostro de mi bella amiga Maicoy, boqueando para cruzar aquel océano de carne revuelta. Justo detrás de ella venía TaqPol, disfrazado de chiquito de la calzada con una insignia en el pecho en la que se leía "El conde mor, no puedor".

--Ay, madre mía—sollozaba Maicoy echándose las manos a la cabeza—jamás debimos haber venido aquí…

TaqPol sonreía frotándose las manos maliciosamente.

--Bueno…yo no soy el Calavera pero…creo yo que llegados a este punto deberíamos practicar…

Maicoy le arreó una hostia que Taq esquivó hábilmente.

--Tía, Dark—me apremió mi amiga—tengo un problema enorme…

--Todos lo tenemos, Mai, querida…

--No tía…si es que me estoy meando—urgió  la pobre—y me da miedo ahora ir al cuarto de baño sola…

Qué desastre.

--Bueno tía, tranqui—le dije—yo te acompaño…

Maicoy me miró a los ojos con un temor palpable como la niebla más densa.

--Dark, por favor, júrame por tus vivos y tus muertos que no eres el puto Calavera…

--Te lo juro Maicoy –le aseguré--que si lo fuera ya te habrías enterado…

--Total tienes dos opciones—sentenció  el analítico Argonauta—o te vas al baño con Dark, o te meas en la maceta…tú verás…

--La maceta, la maceta…--dijo al instante Maicoy, buscando con los ojos cualquier cosa en forma de cubo.

--No, no…a ver—traté de encauzar la situación—vamos a tranquilizarnos. Maikoy, yo no soy el Calavera y tú tampoco…--le dije—así que te acompañaré a mear, joder. Y por si acaso nos quieren perforar la retaguardia, este par viene con nosotras…de guardaespaldas…

Me refería, evidentemente, a Argo y a Taq Pol…

--Pero…--dijo mi amiga—y si ellos son…y si uno de ellos es…

--Pues le damos un rodillazo en los huevos y listo.

Nos acercamos como pudimos hasta el baño, nos costó la de dios.  Cuando por fin alcanzamos la ansiada penumbra de los retretes, oímos, dentro del cuarto de baño de las mujeres, un lamento agónico.

--¡Dios! El calavera ha actuado…

--¡¡Corramos en ayuda del pobre desgraciado!!

--Igual es alguien que está estreñido…

No sé cómo, pero acabamos metidos en aquel cuarto de baño enano los cuatro (Maicoy, Argo, TaqPol y servidora) junto con cuatro pecientas mil personas más que ni puta idea de cómo habían llegado hasta allí. Sólo puedo decir que en dos minutos se lió la de san quintín y que reinaba la histeria más absoluta entre la grey de bestias en la que nos habíamos convertido…

En medio de aquella sangrienta anarquía, Vieri –vestido de futbolista de yo qué sé qué equipo—le atizó con saña a la única lámpara que había en el techo…

--¡Joder! Ahora no se ve una puta mierda…

Caímos todos unos encima de otros en medio de la oscuridad y de un mar de cristales rotos y grifos abiertos…

--Vieri, cabrón, creo que me has pisado un huevo…

--Ah joder…yo creía que era el rabo de Perritillo…

--Jajajajaja…

--¡¡cagüenmismuelas!! Y encima se ríe…

La confusión empezó a provocar que la gente se volviera loca. El fantasma de la paranoia era dueño de todos nosotros…

--¿Pero quién hay detrás de mí?

--Soy yo, la gatita…

--¿pero qué gatita?, ¡que hay cientos, joder! ¿La colorada, la del patinete o la Karabo?

--Una gatita ni de coña, porque esto que estoy tocando aquí es un rabo del quince…

Parecía la parodia gore de una orgía en un cuarto oscuro. Nadie sabía lo que tocaba, aprisionaba, pisoteaba u hostiaba. Joder, menudo picatoste.

--¡¡¡Hijos de puta, quién me está  dando por el culo!!!—la inconfundible voz de Masu desgarró la oscuridad, a la par que se desgarraba su ojete.

¡La leche puta! Comprendí que el Calavera estaba actuando con plena impunidad…y que Masu no iba a ser el único en sufrir las consecuencias…

La cuestión era apretar el culo y salir de allí como fuera…pero claro, yo, que me pierdo en mi propia casa, como para ponerme a buscar la jodida puerta de salida…

En fin. La apoteosis de todo esto fue espectacular, digna de la versión extendida del señor de los anillos con banda sonora de Barón Rojo. Nos taladraron a todos, a todos sin excepción…

Jejejej…salvo al Calavera, claro. Y  a estas alturas os preguntaréis con aprensión quien era el cabrón que se puso las botas a costa de porculizar a la gente…

Pues bien, no lo vais a creer.

Pocos días después, tomando unas cervezas con algunos compatriotas y visitantes a la capital, miembros todos de TR, todavía flotaba la incertidumbre entre nosotros…y entonces, y solo entonces se descubrió el burdo embuste de toda esta orgía forzosa.

--A ver, no me jodas tía—decía  Sobi dirigiéndose a una atónita Moonlight—tú ibas vestida de pirata, a quién quieres engañar…

--¿¿Estás insinuando que el Calavera era yo, con una polla de plástico??

--Hombre uno de nosotros tuvo que ser…

Y entonces, la voz de un conocido amigo emergió tímidamente de entre las sombras del bar.

--Bueno…al menos os salvé de una bomba, cabrones…

Nos volvimos todos para ver quién había osado hablar…y no dimos crédito cuando descubrimos que aquellas palabras habían procedido de la boca de Masulillo, el genio diabólico de TR.

--¡Oh, mierda!—gritó Aicha sin poderse contener—está trastornado…si fue a él al primero que dieron por el culo, yo le ví…

--No, idiotas—sonrió Masu, mostrando un as en la manga con dos tibias cruzadas bajo una calavera—nadie me vio, sólo me oísteis…el grito de socorro falso me sirvió para llegar a vuestros culos sin levantar la más mínima sospecha…

Jode la que le dimos al Masu. Todavía se está recuperando en la unidad de cuidados intensivos de un hospital de Noruega.

Y ahora por favor, queridos lectores…

Esto no es una leyenda urbana cualquiera, de esas que son un fraude. Esto es una historia verídica. Por favor…si reciben ustedes una invitación sospechosa a una fiesta de autores y usuarios de TR, con bebida y pitanza gratis…¡¡No la acepten!!...¡¡rechácenla aunque sea lo último que hagan!! Su integridad está en juego…la vida jamás volverá a ser como antes después de una experiencia semejante.